Saber tratar a la gente, mas, mejor,…
dimensionar a mis palabras, sopesarlas antes de ser emitidas,…, expulsadas,…
respetar a sus miradas, inclinaciones, holocaustos,…, sus dudas,…, sus interrogantes,…
respetarles,…
Sus convicciones y sus miedos,…, dejarles, ¿pues quien soy yo para “espantarles”,
o modificar su pensamiento, su quehacer, o su motivación interna?,…
Vaya tarea, tener que bajar dos rayitas a mis pretensos de “alteración” de la realidad que me circunda, de los personajes que me cuidan, que me siguen, que me atienden,…, dejar pues esa energía de lado, pues no me pertenece,…
Entender antes de,…, emitir juicios redundantes,…, o delimitar mascaras, “pretensos”, de comportamiento, ideales, o mecanismos que accionan amor, ira,…, coraje,…, miedo,…
entender antes que,…
Buscar el comprender el lenguaje de los mudos, ¿por qué nos reservamos algo o tanto?, ¿qué nos impide hablar muy claramente, con honestidad, con valor, sin miedo a fallar o fracasar?, ¿a que le tememos y/o a quien?,…
Si, me gustaría,…
saber como es que observan los “ciegos”, como dimensionan a su mundo, ¿qué colores ellos asocian al calor, al frio, al amor o al odio?, ¿como pueden correlacionar una textura, un límite, una cara, con un recuerdo, con un gesto, con una idea?,…
¿Cómo pues es que las personas retraídas como lloviznando, podemos “encajar” en este mundo, terreno tan hostil que se percibe, dominante, inquietante,…, agresivo?,…, ¿sin hacerse la victima o el victimario necesariamente?,…